13 de octubre de 2010

El dipuhooligan también es minero






Un día después de que despedazara los vidrios de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, el dipuhooligan Christian Vargas dijo que se quitaba el sombrero ante José Emilio Pacheco y su libro “Crónica de una muerte anunciada”.

Las proezas del dipuhooligan las leí mientras veía el inicio del rescate de los mineros chilenos y -lo siento pero a la memoria no le preocupan los lugares comunes- recordé el episodio de Fox en España, donde reconoció la obra del escritor José Luis Borgues, y lo que me ocurrió días después, cuando me encontré con una especie en peligro de expansión.

Un político del patio me dijo:

-¿Ya viste a tu Chente? Ni siquiera sabe el nombre del gran maestro argentino J-o-r-g-e Luis B-o-r-g-e-s.

-Así es, dio pena ajena -respondí.

-Pero cómo no, quién no ha leído al maestro argentino J-o-r-g-e Luis B-o-r-g-e-s. Sus novelas son formidables.

Escribo estas líneas a las cinco de la tarde de hoy miércoles. Han rescatado a 26, quedan 7 pero esperan que a la media noche finalicen los trabajos de salvamento.

Mientras los chilenos festejan, con justa razón, pienso en la tragedia de los mineros de Pasta de Conchos, por los que ninguno de nosotros movió un dedo y que permanecen ahí, en la oscuridad, acompañados metafóricamente por Fox, el dipuhooligan y el insuperable político del patio. En qué clase de hijos de puta nos hemos convertido.

Un epitafio para Pasta de Conchos:

"Impresionante, emocionante, el rescate de los mineros. ¡Viva Chile! Viva la esperanza de que el hombre puede superar cualquier dificultad!" Twitter de Felipe Calderón.