La encuestitis de Alito
Toda felicidad que no provenga del alcohol es ficticia. De ahí la maravillosa Semama Santa que pasé y su consecuencia: una cruda exponencial que sobrellevé con cierta dignidad hasta que vi publicada, en alguno de los periódicos que sirven como órganos de difusión de la campaña de Alito, una de esas supersticiones numéricas que se han vuelto tradición en tiempos electorales. Otra vez la mula a las encuestas, me dije. Vomité. -0- Platicar con Alejandro Moreno es chuparse un monólogo reiterativo: el del tipo que ya la hizo porque supo instalarse en la estratosfera política y cohabitar con los dueños de México: desayuna con Videgaray para aconsejarle sobre asuntos financieros, almuerza con Osorio Chong y le musita al oído estrategias para la gobernabilidad, cena con Manlio Fabio para sugerirle retruécanos legislativos sombríos y eficaces, y se trata de picadas de nalga con el Presidente Enrique Peña Nieto: su padrino, benefactor y carnal. Por supuesto, el final del so...