Adiós, papá

Mi papá se sintió mal a las siete y media de la noche del 19 de enero, mientras leía el periódico en su sofá después de haber cenado y de fumarse el cigarro nuestro de cada día. Dijo que tenía revuelto el estómago y pidió un vaso de agua mineral con limón; segundos después vomitó y perdió la conciencia para no recuperarla jamás. El doctor Navarro llegó de inmediato y le bastó una mirada para determinar la magnitud del infarto. Lo llevamos al hospital. Pocos minutos después de haberlo ingresado a Urgencias, Soruyo salió para decirme que lo habían estabilizado pero era apremiante trasladarlo a Campeche, y me sugirió ir al IMSS por la ambulancia. En el IMSS encontré a un tipo de rostro perfectamente olvidable que dio instrucciones: traiga al paciente para que el médico haga el papeleo. Le contesté que mi papá estaba muy mal y no había tiempo para eso. Pues de otra forma no se puede, me dijo, tiene que venir, hacer el trámite y sólo entonces saldría la ambulancia de Campeche h...